(Por Eligio Fernández Blanco) – La comunicación es, sin duda, una de las herramientas más valiosas para un profesional de la seguridad. A veces, una sola palabra puede ser el punto de inflexión que evite un conflicto. Escuchar activamente a otra persona puede ayudar a desactivar tensiones. Y si nos comunicamos bien, podríamos evitar tener que recurrir a la fuerza.
Pero hay algo que debemos tener presente: no todo el mundo está dispuesto a dialogar y hay situaciones donde seguir hablando simplemente no es una opción viable.
Piensa en esos momentos críticos: cuando alguien está a punto de agredir o cuando hay riesgo para otras personas. O cuando alguien intenta escapar y ya hemos agotado todas las posibilidades de negociación. En esos casos, la seguridad nos exige actuar rápidamente.
Seguir hablando puede dejar de ser útil y convertirse en un problema real.
Así que es vital que el profesional sepa cuándo las palabras todavía tienen peso y cuándo ha llegado el momento de tomar acción. Ser un buen profesional no significa hablar por hablar o recurrir a la fuerza sin razón. Se trata de saber cuándo usar cada herramienta en el momento adecuado.
Siempre respetando la ley, por supuesto, y siempre manteniendo la proporcionalidad.
Las palabras son nuestra primera opción, pero al final del día, la seguridad sigue siendo lo más importante. Un profesional no recurre a la fuerza porque no sepa comunicarse; lo hace porque ya no hay tiempo para más palabras.