(Por Jose Antonio Domínguez Silgado) – Hoy quiero hablar de una profesión que todo el mundo cree entender… hasta que le toca vivirla. Sí, hablo del vigilante de seguridad. Ese ser humano al que muchos miran como si su trabajo fuera estar apoyado en una pared contando baldosas o matando las horas en una garita.
Porque en este país tenemos un deporte nacional: criticar al otro desde la barrera. Somos campeones olímpicos en eso. Aquí cualquiera te dice: “Bah, eso lo hago yo”. Claro. Igual que viendo una corrida desde la grada todos somos toreros. Pero amigo… baja tú a la arena y ponte delante del toro.
Porque una cosa es mirar el uniforme… y otra muy distinta llevarlo doce horas encima.
Muchos dicen que el vigilante tiene un trabajo facilón. Sí, facilísimo. Aguantar malas caras, turnos imposibles, noches enteras sin dormir, gente que te falta al respeto porque cree que la placa te convierte automáticamente en felpudo humano. Eso sí que es fácil. Facilísimo.
Y luego está el clásico comentario: “Ese trabajo es para vagos”. Claro, porque un vago aguanta madrugadas, conflictos, tensión y encima tiene que mantener la calma mientras el listo de turno lo graba con el móvil para subirlo a redes. Sí, sí… el vago eres tú, campeón.
A mí me encantaría hacer una prueba nacional. Muy sencilla. A todos los que critican la profesión les daría mi uniforme y mis zapatos durante un día. Solo un día. Toma, póntelas. Haz mi turno. Quédate de pie horas o quédate en una garita. Traga saliva cuando te provoquen. Mantén la compostura cuando nadie te respalde. Y luego vienes y me cuentas si era tan fácil.
Porque el problema no es que la gente no respete el trabajo. El problema es que confunden “no saber hacerlo” con “creer que cualquiera puede hacerlo”.
Y no. No cualquiera sirve.
Igual que no cualquiera aguanta un toro delante, no cualquiera aguanta la presión de estar al frente cuando todo el mundo mira, critica y exige… pero nadie quiere ocupar tu sitio.
Así que la próxima vez que critiques a un vigilante de seguridad, hazme un favor: antes de hablar, ponte mi uniforme por un día. Porque desde fuera de la barrera todos parecen valientes… hasta que el toro sale.