(Por Vigilante Enfurecido) – Hoy, 23 de septiembre, me ha quedado claro de quién es la responsabilidad de nuestros sueldos precarios, de nuestras penosas condiciones laborales, y de nuestra ruina de profesión. No estoy hablando de la patronal, porque al menos estos, siempre han sido sinceros en sus pretensiones de explotación y sacarnos hasta los higadillos. Tampoco hablo del Ministerio del Interior, para quien representamos esa policía barata a la que le puede endiñar sin rechistar un 90% de servicios mínimos cuando pidamos una huelga.

Los verdaderos responsables son los sindicalistas. Pero todos los sindicalistas. Sin excepción. Con sus batallitas entre ellos, sus banderitas, sus petos de colorines, su postureo infantil de vamos a ver quien la tiene mas larga y gorda (la manifestación) y su manía absurda de zancadillearse entre ellos, como si de hooligans futboleros se tratase.

Las «manifestaciones» del día 23, lejos de mostrar a un gremio unido, va a representar otro hachazo más en nuestras nóminas en el próximo convenio.

Ya no me queda una gota más de esperanza. Nos espera más precariedad. Más explotación. Hoy me he dado cuenta de que aquí no hay nada mas que hacer. El enemigo lo tenemos en nuestras propias filas. Y hemos perdido la batalla.

Lo del día 23 ha sido la esperpéntica representación de un legado sindical caduco y pasado de moda. Este sector se hace mayor y peina canas. Las nuevas generaciones entran, observan un poco el panorama, y salen pitando cuando encuentran un trabajo mejor.

O aquí los liberados se ponen las pilas y mejoran de verdad las cosas, o es cuestión de pocos años que la seguridad privada se engulla a si misma como en un agujero negro. Y detrás de una pancarta y meneando banderitas de colores ya debería haber quedado claro que no se arregla una mierda.

A los sindicalistas de la seguridad privada los vigilantes asindicados no les importamos nada. Solo se importan ellos. Porque si realmente les importase algo este sector y sus trabajadores, montaban una huelga indefinida hasta conseguir un 20% el primer año y un 10% los dos siguientes. Pero tranquilos todos. Eso no ocurrirá. No hay huevos. No hay interés. O quizá como decía alguno: Está todo el pescado ya vendido. Esta claro que, visto lo visto, quizá sea mejor plantear seriamente el dedicarse a otras cosas.
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