(Por Francisco López Ortiz) – El sector de la seguridad privada se encuentra en una situación crítica, a punto de entrar en cuidados intensivos. La séptima reunión de la Mesa Negociadora, celebrada el 14 de noviembre de 2025, ha puesto de manifiesto la amarga realidad de un proceso que no solo se ha estancado, sino que retrocede a pasos agigantados. La situación es tan grave que el sector parece estar ya en sus últimos estertores, sin un salvavidas a la vista.

Las propuestas de los empresarios, lejos de ofrecer soluciones reales, profundizan la precariedad de los trabajadores. En un contexto de salarios ya miserables y condiciones laborales insostenibles, las medidas presentadas solo buscan recortar más derechos, con una escalofriante indiferencia por las necesidades de los trabajadores. Los complementos por incapacidad temporal se ven recortados, las jornadas de descanso se mantienen en mínimos históricos y las licencias retribuidas son reducidas hasta la extenuación. Todo esto mientras las promesas de un incremento salarial real son pura fantasía.

El sector, ya arrastrándose bajo el peso de la desafección y el éxodo masivo de trabajadores, no encuentra consuelo ni en la parte empresarial ni en los sindicatos. Los intentos de conciliación familiar y de reducción de jornada parecen simplemente una burla. El futuro se presenta desolador: con una falta de inversión en las condiciones laborales y un sistema de subrogación que amenaza con dejar a miles de empleados sin derechos, el colapso parece inminente. Los sindicatos han dejado claro que, si no hay avances reales, la única opción será el conflicto. Pero, ¿acaso queda algo más por perder?.

Si el sector sigue siendo manejado con esta indiferencia, en el mejor de los casos nos enfrentamos a un futuro de servicios de seguridad cada vez más precarizados, con un ejército de trabajadores exhaustos y desmotivados. El sector está, sin lugar a dudas, en la UVI, y lo peor es que los responsables no parecen tener intención de salvarlo.
D.E.P.