(Por Jose De Jesús Moreira) – Ciudadanos caminando en piloto automático, con la mirada clavada en las pantallas y ajenos a su entorno. Cruzan el vestíbulo del centro comercial o la cola del supermercado inmersos en una ficticia realidad digital. Para esta marea de personas «zombificadas» , el varón del uniforme es invisible, un mero obstáculo en su camino o un elemento más de la urbe. Una figura humana a la que la indiferencia y la falta de empatía han reducido al despectivo apelativo de «segurata». Sin embargo, detrás de esa placa y bajo el yugo de una jornada interminable, hay alguien con vida propia. Hoy quiero hablaros de Remigio.