(Por Enrique Gilabert Alejandre) – Durante años, miles de profesionales de la seguridad privada hemos trabajado en servicios complejos, exigentes y, en muchos casos, con una enorme carga física y psicológica. Sin embargo, nuestra profesión sigue sin ser considerada de riesgo a efectos de jubilación. Y la realidad en la calle es muy distinta a la que aparece en muchos despachos.