El Gran Hermano Corporativo: Cuando los Abogados Deciden Jugar a los Espías

(Por Vigilante Enfurecido) – ¡Atención, vigilantes de seguridad y demás profesionales del sector!. Preparaos para un relato que podría pertenecer a un guion de película de suspense y espías, pero que, desafortunadamente, es una historia totalmente real. Desde alguna infraestructura crítica en España nos llega una historia digna de una novela de espionaje, protagonizada por un presunto abogado de una empresa de seguridad que, aparentemente, ha decidido que su verdadera vocación es la de detective encubierto.

abogado desquiciado

Un Abogado con Habilidades (Ilegales) de Espía

Imaginemos la escena: un abogado merodeando de incógnito por diversas instalaciones, móvil en mano, capturando fotos y videos de los vigilantes de seguridad en pleno servicio. ¿La misión?: Documentar cualquier momento en que estos profesionales del control osen mirar su teléfono móvil. Porque, claro, en los «tiempos muertos» (esos ratos de inactividad que todos conocemos bien), ¡cualquiera podría cometer el atroz crimen de revisar mensajes!

Este abogado, recientemente ascendido a un puesto ejecutivo (imaginamos que por sus méritos, claro) parece haber interpretado su nuevo cargo como una señal divina para convertirse en un verdadero espía corporativo. Porque, al parecer, ¿que mejor manera de demostrar tus dotes directivas que acosar a tus propios empleados?

¿Quién Vigila al Vigilante?

Pero antes de que os echéis las manos a la cabeza y soltéis un exasperado «¡Pero esto no puede ser legal!«, dejadme confirmaros que, en efecto, ¡NO lo es! El ejercicio de funciones de seguridad privada en España está regulado por la Ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, que especifica claramente que solo el personal habilitado puede desempeñar estas funciones. Spoiler: nuestro abogado-espía no está habilitado para estas tareas.

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Los Derechos Fundamentales, Esos Grandes Olvidados

Para añadir más leña al fuego, estas prácticas no solo incumplen la normativa de seguridad privada, sino que también podrían estar vulnerando derechos fundamentales de los trabajadores, como la Ley de Protección de Datos y la de el Derecho a la Intimidad en el trabajo. Porque, claro, ser fotografiado y grabado sin consentimiento mientras se intenta cumplir con el trabajo no es precisamente lo que uno esperaría en un ambiente laboral sano.

Y hablando de ambiente laboral, las acciones del abogado no solo se enmarcan en la ilegalidad, sino que han generado un ambiente laboral enrarecido y hostil, con crisis de ansiedad y bajas por depresión entre los vigilantes, además de una desbandada general de muchos componentes hacia otras empresas. Pero, ¿como se supone que los profesionales de la seguridad pueden desempeñar su labor en condiciones óptimas si están constantemente vigilados por un “Gran Hermano” corporativo no autorizado?

Las Consecuencias de Jugar a Sherlock Holmes

Las consecuencias de estas acciones son muchas y variadas. Primero, tenemos la cuestión de la habilitación para funciones de seguridad privada. Según la ley, solo el personal habilitado puede realizar estas funciones. El abogado, aunque ahora sea directivo, no posee dicha habilitación, lo que significa que sus acciones son ilegales. Punto para los vigilantes.

Luego está la cuestión de la vulneración de la intimidad. Las fotografías y videos tomados sin consentimiento no solo son una invasión de la privacidad, sino que también pueden constituir una infracción de la Ley Orgánica de Protección de Datos. ¿Dónde van a parar esas fotos y vídeos?. Otro punto para los vigilantes.

Y no olvidemos la creación de un ambiente laboral hostil. Las acciones de este abogado han llevado a un aumento de las crisis de ansiedad, bajas por depresión y un clima de trabajo insoportable. Esto podría considerarse acoso laboral, lo cual es sancionable según la normativa vigente. Tercer punto para los vigilantes.

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¿Qué Hacer Ante Este Despropósito?

Ante esta situación digna de una tragicomedia, aquí van algunas recomendaciones para nuestros sufridos vigilantes de seguridad:

  1. Llamar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE): Si pilláis al abogado en plena faena de espionaje, llamad inmediatamente a la Policía Nacional o a la Guardia Civil. Ellos pueden identificar al individuo y levantar un acta oficial de lo sucedido. Esto no solo documentará el incidente, sino que también pondrá en su sitio al espía amateur. Lo de pillarlo del cuello y tirarlo al suelo para engrilletarlo, eso ya según se comporte este personaje.
  2. Registrar el Incidente: Aseguraos de registrar el incidente en el libro de incidencias de vuestro puesto de trabajo. Cada detalle cuenta. Así, el próximo capítulo de esta saga tendrá una base sólida de pruebas.
  3. Denunciar ante la AEPD: Las fotografías y vídeos sin consentimiento violan la Ley de Protección de Datos. Una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos es más que pertinente. ¡Que el detective corporativo sepa que no todos los datos están a su disposición!
  4. Consultar con un Abogado: Si la situación se agrava, no dudéis en consultar con un abogado especializado en derecho laboral y protección de datos. ¡Es hora de que los verdaderos profesionales del derecho entren en acción y pongan fin a esta parodia legal!
  5. Reclamación Interna: Presentar una reclamación formal ante la empresa contratante y notificar a las entidades responsables sobre estas prácticas inadecuadas es crucial. No estáis solos en esta batalla. Asegurémonos de que cada nivel de la cadena de mando sepa lo que está pasando.
  6. Solicitud de Investigación Interna: Además, solicitad a la empresa que realice una investigación interna sobre las prácticas del directivo. La empresa debe tomar medidas disciplinarias si se confirma que las acciones del directivo fueron ilegales o inapropiadas. Porque, al fin y al cabo, ¿qué tipo de empresa permite que sus directivos jueguen a ser espías sin consecuencias?

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Y ¿Qué Pasa con los Superiores?

No solo el abogado/directivo debería ser el centro de atención aquí. Las empresas contratantes y las entidades responsables también tienen una responsabilidad en este asunto. Es fundamental que estas entidades tomen cartas en el asunto para garantizar que se cumplan las normativas y se respete la legalidad.

Presentad reclamaciones formales y aseguraos de que estos superiores sean conscientes de las consecuencias de permitir que un abogado se convierta en un pseudo-vigilante de seguridad. La seguridad privada es una profesión seria, que requiere habilitaciones y competencias específicas. No es un juego de espías para que cualquier directivo con móvil se sienta como en una película de acción.

¿Abogados o Agentes de Seguridad?

La moraleja de esta historia es clara: cada uno debe ceñirse a sus competencias. Los vigilantes de seguridad tienen una labor crucial y deben realizarla sin ser acosados por amateurs del espionaje. Si las empresas desean mejorar la seguridad y eficiencia, deben hacerlo dentro de los límites de la legalidad y el respeto por los derechos de los trabajadores. De lo contrario, no solo se enfrentan a posibles sanciones, sino también a la pérdida de la confianza y el bienestar de sus empleados.

Así que, queridos vigilantes, mantened la calma y seguid cumpliendo con vuestra valiosa labor. Y recordad, si os encontráis con un abogado jugando a ser espía, hay recursos y vías para ponerlo en su sitio.

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