(Por Vigilante Enfurecido) – Mis queridos gorrioncillos, en España hemos reinventado la huelga: los vigilantes del aeropuerto de Madrid podrán protestar… trabajando como siempre. El Gobierno lo llama “servicios mínimos”, pero en realidad es un servicio máximo con bozal incorporado. Si la Constitución reconoce el derecho a la huelga, aquí se ha reducido a un derecho decorativo, de postal, algo que se puede enmarcar pero jamás ejercer. Porque claro, ¿qué sería de un país sin vuelos low cost pero con trabajadores con derechos?. Porque claro, es que lo “esencial” en este país no es que los vigilantes de seguridad trabajen con condiciones dignas, sino que ningún turista pierda su vuelo a Londres o que el duty free siga despachando botellas de whisky a precio de oro. El Estado se apresura a blindar la terminal como si fuese Fort Knox, no para proteger a los trabajadores, sino para que la cola del embarque fluya y nadie se acuerde de que hay una huelga. Huelga sí, pero invisible. Un derecho convertido en atrezo, una protesta reducida a nota a pie de página, porque aquí el único derecho fundamental que parece intocable es el de volar barato mientras otros sudan la camiseta bajo la etiqueta de “servicios mínimos del 100 %”.