(Por Vigilante Enfurecido) – El gilipollas en Seguridad Privada es la persona que cree tener privilegios en la vida basándose en una arraigada sensación de superioridad que lo inmuniza frente a las críticas de otras personas. El gilipollas lo puede ser por muchos motivos, porque se cree más listo, más inteligente, más profesional, o más guapo. El resultado es que el gilipollas no va a hacer caso a los demás cuando alguien se queja de su actitud. El gilipollas es alguien que sólo habla de lo que más le gusta: el mismo.
Tus sentimientos y tu trabajo y lo que tu pienses le da igual. ¿Os suena?. Seguro que conocéis a más de un gilipollas en el gremio de la seguridad privada. En todos los servicios en los que he trabajado me he encontrado con uno, o con varios gilipollas.

Un ejemplo práctico: A principio de año llegó un nuevo «jefe de equipo» a mi servicio. Este no era más que el típico VS que a base de arrimarse durante unos años a la gerencia de mi actual empresa había conseguido ese puesto de mando intermedio, sin disponer, eso sí, de ninguna titulación ni habilitación. El citado personaje pronto me hizo entender que no nos íbamos a llevar bien, sometiendome a llamadas telefónicas ya no en mi horario de servicio, sino también en mi tiempo libre y ampliando el acoso por whatsupp preguntando muchas chorradas sobre el servicio.

El problema llegó el día que llamó para que fuese a cubrir un descubierto en un servicio que ni tan siquiera era el mío. Le respondo con una de mis mejores negativas instantáneas, informándole que estaba a cómputo, y que no cubría nada que no estuviese fijado en mi cuadrante desde principio de mes. Silencio incómodo de varios segundos, seguido de las amenazantes preguntas típicas en esta situación que ya he oído muchas veces: ¿qué contrato tienes?, ¿cuánto llevas en la empresa?, ¿cómo has pedido el cómputo?. Las preguntas típicas de un gilipollas.

Lo peor no fue este incidente, sino que cuando el gilipollas se percata de que no va a poder conmigo se dedica a difamarme por la espalda frente a la dirección de mi empresa, poniéndome a parir ante varios compañeros del servicio e incluso dando malas referencias frente al cliente, afirmando que soy un vigilante «conflictivo», algo verificado con sospechas primero y mi asombro después, hablando con unos y con otros.

Y así, el gilipollas, sin haberme visto ni una sola vez en persona, y sólo habiendome hablado cuatro o cinco veces por teléfono y otra docena de veces por whatsupp, ha conseguido que me saquen del servicio en el que no había provocado ningún problema, en el que hacía un buen trabajo y donde todos me respetaban.
Este mobbing corporativo, sibilino y traicionero, es, amigos míos, el comportamiento típico de un gilipollas. Cuantos conocemos a uno de esos que reciben un poco de mando, y se vuelven locos y borrachos de gilipollismo. En algunos servicios son como una plaga bíblica.

Estoy seguro de que todos conocéis o habéis sufrido casos o personajes como el gilipollas de mi «jefe de equipo». ¿Quieres contarnos tu historia con tus gilipollas?. Siéntete libre de hacerlo en la sección de comments de esta noticia. No te cortes.
Los comentarios están cerrados.